Formas virtuales de Resonancia Colectiva

Es cierto que el confinamiento obligatorio ha fragmentado el cuerpo social, evitando que florezcan encuentros furtivos, o movilizaciones rabiosas, o agites efervescentes –esas fiestas interminables de las tres de la tarde, que si hubiésemos sabido que podría haber sido la última todavía seguiríamos ahí. Pero también es cierto que el deseo por estos encuentros no paró, no lo pudieron confinar, y que tal vez encontró en el frío de nuestros dispositivos, en la extensión virtual de nuestros cuerpos, una forma de generar contacto, algo parecido al calor que nos quema cuando lo social se manifiesta. Las clases se virtualizaron, con aciertos y fallas, pero sobre todo con ganas de seguirla, de no detener ese deseo de encuentro y de aprendizaje, al menos a través del píxel, sin muchas certezas (aún) de cómo terminaría. Un grupo de estudiantes y docentes de la Licenciatura en Artes Electrónicas buscó la forma, que no es la única, de encontrarnos más acá de la pantalla, de producir movimiento desde la pausa. Partieron de un trabajo en clase que los situó, casi como un juego de rol, en producir un proyecto de música electroacústica. Pero el entusiasmo los llevó armar un archivo comunitario y una obra colectiva de imágenes y sonidos volátiles, trascendiendo el aula virtual, hasta donde la inmaterialidad de la internet les permitiera, ensayando nuevas formas de acercarnos, de hacer comunidad. Sin que nada reemplace el vernos las caras en las calles, mientras esos encuentros sigan encerrados en el imaginario de un pasado que todavía nos da algún tipo de esperanza, tenemos que probar otras maneras, otras formas de que los cuerpos se afecten, como estos chicos que ahora puede resonar colectivamente donde sea que alguien lo desee.

Entrevista en Radio Caso, por Alma Laprida

Participantes: Gregorio Castro, Estevan Penovi, Emil Kleiman, Florencia Pasquali, Ramiro Arsanto, Santiago Villa y Ernesto Romeo

A. Laprida: ¿Cuál fue el origen de este proyecto?

S. Villa: Este año, como a todos, nos sorprendió la situación de la pandemia. Veníamos con una idea de trabajo, y a una semana antes de arrancar la cursada tuvimos que pensar alternativas. Nuestra materia (Laboratorio II) trabaja con cuestiones ligadas a la tecnología, y Ernesto y yo trabajamos con cuestiones ligadas a lo sonoro. Propusimos un proyecto fonográfico, en el que nos situamos en una pandemia real y teníamos que desarrollar un trabajo para un sello discográfico ficticio. Debíamos grabar un disco con lo que cada uno tenía en su casa, con su trayectoria y gusto particular.

E. Romeo: Hubo problemáticas que se presentaron, vinculadas a una carrera de arte, o artes electrónicas, sea en el marco de una carrera universitaria, o un conservatorio, o incluso en la vida, que estas circunstancias particulares lograron materializarlas. Me refiero al hecho de que en nuestra carrera, debiendo explicar fenómenos sonoros, o cuestiones ligadas al audio, necesitamos utilizar términos del ámbito de la música, o de la electrónica, o de la matemática, o de la física, Y muchas veces aparecen alumnos que te dicen “yo no soy músico/matemático/físico/artista”, y para nosotros esto posibilita problematizar lo que significa hacer arte. Nuestra sociedad ha desarrollado esta práctica como una cosa más dentro del mercado, transformándola en algo “solo para especialistas”. Es decir, “hace arte, el artista” y ese artista tiene que ser una persona formada, con un trayecto, con ciertas virtudes y virtuosismos, alejándose del quehacer cotidiano, de la salud, del conocimiento del mundo. Por esto hay personas que se sienten trabadas en su trabajo artístico, que no desarrollan ningún tipo de expresión debido al sistema represivo educativo convencional. Por eso a todos nos cuesta salir solo de la retórica discursiva que dice que no hay necesidad de que seas “artista” como una formación previa, se es “artista” porque se es humano. Entonces, volviendo, en esta situación planteamos una manera de crear desde lo colectivo (otra problemática de la sociedad), en la que cualquier persona con herramientas básica y cualquier objeto con ciertas características (motores, parlantes, resonancias, etc.) pueda crear una pieza de arte.

A. Laprida: Me parece muy inspirador. Este tipo de juegos, donde se tiene una serie de reglas, donde te sentís invitado a participar, aunque no tengas una formación previa, me imagino que es algo que se puede trasladar a otros ámbitos

E. Romeo: Lo interesante es que muchos proyectos musicales en esta situación de pandemia trabajan con la idea de que todos somos músicos, yo te mando un track, vos le metes un sonido, etc. En este trabajo, los participantes grabaron sonidos individuales, generando un archivo al que todos tenían acceso para realizar sus piezas, trabajando desde la génesis del objeto sonoro. Todas y todos son compositores, intérpretes, mezcladores, luthiers, productores, procesadores. Todas y todos tuvieron incidencia en el concepto.

F. Pasquali: También la parte visual nace desde el mismo concepto. Generar un archivo comunitario, de imágenes fijas y en movimiento, que cada uno procesó con las herramientas que tenía y un equipo ensambló todas esas imágenes.

G. Castro: Fue una experiencia muy linda, donde todos pudimos hacer todo, con las capacidades de cada uno. Fluyó naturalmente, todo súper orgánico. Logramos una dinámica en un grupo tan grande, de mucho compromiso y entendimiento.

A. Laprida: ¿Para alguno fue la primera vez trabajando con sonido?

E. Kleiman: Sí, y de esta forma tan particular, que comenzó con una consigna que requería que hiciéramos nuestros propios samples, que para mí fue un desafío y algo bellísimo. Siempre me gustó la música, pero nunca me dediqué a producirla ni a componerla, y este proyecto me sacó un montón de miedos y prejuicios que hay en el arte, como Ernesto comentaba al principio.

A. Laprida: ¿A partir de esta experiencia, cómo es su relación con el mundo sonoro?

 

G. Castro: Yo hago música hace dos años, pero me cambió la percepción sobre los sonidos a utilizar. Nos aproximamos a la síntesis auditiva, armando sonidos con dos ondas sonoras. Ahora quiero utilizar sonidos hechos por mí, y no prefabricados. Con las herramientas que no dieron los docentes, podes hacer lo que quieras. Por ahí, no sabés nada de música, o de nada, pero sabes un montón de vos y con eso es suficiente para expresarte.

A. Laprida: ¿Qué sonidos descubrieron durante el aislamiento social y preventivo?

R. Arsanto: Todos, ja, ja. Fue súper particular toda esa experiencia. Durante todo el proceso hubo varias etapas, grabación, procesamiento, edición, composición. También hicimos sonidos digitales con síntesis aditiva y sustractiva.

E. Penovi: Y la generación de contenido se dio con procesos en lo que uno está más acostumbrado a realizar de forma digital, pero por las consignas nos vimos haciéndolos de forma analógica, con los equipos con los que cada uno contaba, produciendo una biblioteca muy variada y colaborativa, donde uno al componer su pieza podía acceder a los sonidos de tus compañeros. El tipo de proyecto que encaramos permitió una interacción entre alumnos, pero además entre docentes y ayudantes que también estuvieron involucrados, que a pesar de tener una cursada virtual, logramos tener mucha conexión y personalidad, y el resultado final derramó en lo que fue la consigna final. No fue para nada un esfuerzo, como lo suelen las tareas de la facultad. Dio muchísimo placer.

E. Romeo: Es increíble, pero el ser humano civilizado tiene a capacidad de transformar todo en una tortura. Es un torturador. No puede concebirse que estudiar, lo que fuese, no sea una tortura. Te va a tocar la competencia, el mercantilismo, el bullying, y demás cosas que no tienen razón de ser. A nosotros nos toca comprender esto y accionar. Que nadie pase en esa situación.

S. Villa: Quiero agregar el trabajo de los ayudantes, que no fueron parte de las obras musicales, pero trabajo en lo audiovisual: Aaron Echeverria, Merlina Seijas, Vicu Villanueva, Micaela Pérez, Santiago Vilanova y Jerónimo Bujman. Y el resto del equipo docente: Javier Plano, Rossana Shoijet, Gonzalo Egurza, Laurence Bender y Flavia Laudado.

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